COMO EXTENDER LA GRACIA DE DIOS
Todos los cristianos tenemos
diferentes vocaciones, pero hay algunas tareas que son comunes a todos los
hijos de Dios. No importa tu edad, tu temperamento, tu profesión o estado
civil. No necesitas un curso o un examen de aptitudes para encontrar al menos
uno de esos llamados: estás comisionada para extender a los demás la gracia que
has recibido de parte del Señor.
"Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios
de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para
que podamos nosotros también consolar a los que están en cualquier tribulación,
por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios" 2a
Co. 1:3,4
Todos los hijos de Dios hemos recibido esa
consolación de la que habla Pablo. El Señor nos ha consolado cada vez que hemos
estado enfermos, cada vez que hemos llorado amargamente por nuestro pecado,
cada vez que hemos sido ofendidos, cada vez que hemos perdido a un ser querido,
cada vez que hemos pasado dificultades económicas…
Esa gracia que recibimos de
parte de Dios no solamente es para nuestro propio beneficio, sino también para
el bien de otras personas que puedan estar pasando por algo similar alrededor
de nosotros. Dios permite las pruebas en nuestra vida para hacernos crecer
espiritualmente, pero también para edificar a los demás miembros de su cuerpo.
Elías fue fortalecido en una
época de sequía. Dios lo guió a un arroyo y mandó cuervos que lo alimentaran en
la mañana y en la tarde. En primera instancia Dios quería consolar a Elías en
un momento difícil, pero Dios también lo estaba fortaleciendo para que después
fuera a consolar a una pobre viuda en Sarepta que estaba a punto de morir de
hambre con su hijo (1a Re. 17:3-24).
Podemos compartir el consuelo de
Dios a través de palabras de ánimo, sosteniendo a los débiles (1ª Tes. 5:14), orando
unos por otros (Stg. 5:16), compartiendo bienes materiales (Stg. 2:16),
sobrellevando las cargas de nuestros hermanos, perdonándonos las ofensas... Lo
importante es que sepamos que Dios quiere consolar a otras personas a través de
nosotros y que estemos dispuestos a hacerlo.
No escondamos el regalo que Dios
nos dio para compartir con nuestros hermanos. No tratemos de poner un dique en
nuestro corazón para retener los favores que por la gracia de Dios hemos
recibido. Todas las bendiciones que tenemos a través de Jesús son tan grandes
que sobran y abundan para compartirlas con los demás.
“Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre
gracia” Juan 1:16

