Wednesday, September 14, 2016

UNA INFLUENCIA DEBILUCHA

Más de una vez expresé que no me gustaba vivir en una ‘burbuja’. Me refería a que todo el tiempo estaba o en la iglesia, o en el colegio cristiano en el que trabajo, o con mis amigos cristianos. No había otro círculo en el que me desenvolviera.

Empecé a estudiar un posgrado en el 2012. Ahí mi burbuja se rompió poco a poco. Compartir jornadas maratónicas de estudio con personas no cristianas me acercó a ellos. La mayoría sabía de mi fe, pero eso nunca fue impedimento para que creciera una amistad con muchos de ellos.
Al principio, yo me sentía muy incómoda al estar expuesta a gente que hablaba con doble sentido todo el tiempo, sentía que mis oídos iban a sangrar al escuchar tantas malas expresiones, y yo muy santa evitaba que eso me contaminara.

Sin embargo; paulatinamente bajé las barreras. No puedo precisar por qué o cómo pasó. Solo sucedió. Estaba desvelada casi todo el tiempo, dejé de orar como antes, dejé de leer mi Biblia también, incluso dejé los ministerios en la iglesia, bajo la promesa que iba a retomarlos al graduarme. Quizás fue la suma de todo ello. No me di cuenta, pero ya parecía adormecida ante el ambiente.

Justo en ese grupo de estudios conocí a alguien que se fijó en mí. Fue bien fácil dejarme cautivar, pues en ese momento, como dije antes, ya mis muros de ‘cristiana’ no eran más que unos cuantos ladrillos debiluchos que cualquiera podía brincar. Y así ocurrió. Este hombre solo tuvo que botar unos cuantos para acercarse. La historia es muy larga para narrarla acá, sólo te resumo diciendo que me fue muy mal al decidir empezar una relación con alguien que vivía en base a ‘valores’, pero que no tenía una relación personal con Cristo. (Para leer más de mi testimonio puedes visitar http://destellos7.blogspot.com/2014/02/carta-para-una-mujer-cristiana.html)

Dejé a mis amigos de la iglesia, dejé de ir a mi grupo semanal, dejé de conectarme con Dios como antes. De pronto mi círculo cambió. Estaba en reuniones donde casi siempre había licor, donde escuchaba pláticas no edificantes, donde se respiraba una perspectiva de la vida diametralmente opuesta a la mía, era gente que llenaba su existencia con triunfos profesionales y prosperidad material, y el Señor apenas tenía cabida ahí.

Aunque nunca me sentí realmente identificada con ellos, me dejé envolver, me volví en una participante pasiva de ese estilo de vida. Bajo la excusa de hacerlo por amor, bajé mis estándares (y yo era de las que juzgaba a las cristianas que lo hacían), callé muchas veces la voz del Espíritu Santo que me redargüía, me guardé para mí esa incomodidad permanente por estar en un mundo en el que mi Padre no era el centro. La burbuja había desaparecido hacía muchos meses.

Ya que la Palabra es Verdad, sólo fue cuestión de tiempo para que todo terminara mal. El Señor establece que no debemos unirnos en “yugo desigual” (2 Corintios 6:14). Ahora puedo afirmar que las advertencias Suyas no son negociables. No podemos pretender que Él nos bendiga si estamos haciendo algo que está fuera de Su voluntad. Claro que yo lo aprendí a la mala y con mucho dolor posterior.

Doy testimonio que el Señor me dio de Su Gracia y que sanó todo mi dolor. Hoy por hoy, me siento perdonada, restaurada y libre de todo lo que ese capítulo de mi vida causó. Pero les confieso que hay una sola cosa que cambiaría si pudiera: no ser tan debilucha como para dejarme influenciar de la forma que lo hice y al mismo tiempo, ser lo suficientemente fuerte como para haber sido sal y luz en medio de tanta gente que conocí y que estaban-o siguen estando- necesitados de Dios.
A veces me acuerdo de ellos y oro para que la Gracia del Señor los alcance y rescate. A veces, le he pedido a Él que me dé una oportunidad de encontrarme a algunos de ellos para tratar de reparar la influencia tan mediocre que fui.

Como hijas de Dios, debemos ser sabias a la hora de decidir a quiénes dejamos influenciar nuestras vidas y la intensidad de esta influencia. ¿Quiénes son tus amigos íntimos? ¿Con quién pasas la mayor parte del tiempo? ¿A qué lugares vas con esos amigos? ¿Qué tipo de conversaciones estás teniendo? ¿A quién llamas primero al tener problemas? ¿Quiénes son tus consejeros más frecuentes? Esas respuestas te pueden dar un diagnóstico de qué tipo de influencia estás recibiendo.


Ahora veamos el otro lado. ¿Qué tanta huella estás dejando en los círculos de personas con los que te relacionas? ¿Es tu fe evidente e incuestionable? ¿Tu cristianismo es respetado o ignorado? ¿Te atreves a ser luz y sal con aquellos que no conocen de Dios? ¿Eres reconocida por hablar del Dueño de tu vida? ¿Pasas el mensaje? ¿Tu estilo de vida hace que los demás noten que eres diferente?
Piensa en esto: Si nuestra vida cristiana fuera una mesa, ¿estamos influyendo a otros para que se suban a ella? O ¿son ellos los que nos hacen bajarnos de ahí con más facilidad?
¿No sería una meta preciosa pedirle al Señor que cuando la gente se relacione con nosotros, lo vean a Él?

“No se dejen engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” 1 Corintios 15:33 NVI
“Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” 1 Corintios 10:12 NBD

“El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado” 
Proverbios 13:20 NVI

Dome Maeda
Blogger Invitada

Thursday, September 8, 2016

UN ENFOQUE DIFERENTE

Hace un tiempo estuvo de moda una canción de Ariana Grande que se llamaba “Focus on me”. La canción siempre me estresó, pero últimamente he estado pensando que esa realidad es la que vivimos muchas mujeres día a día. Pasamos enfocadas en nosotras mismas luchando por conseguir nuestra próxima meta: un buen esposo, una casa, unos hijos exitosos, una carrera, un mejor trabajo, un mejor estilo de vida, nueva ropa, unas vacaciones, una mejor autoestima, más reconocimiento, etc. etc. La lista es interminable. Ese énfasis desmedido en nosotras mismas nos lleva a sentirnos vacías porque los seres humanos fuimos creados para glorificar a Dios y no para buscar nuestra propia gloria.



Una mujer enfocada en sí misma se acerca a Dios con una motivación errónea. Percibe a Dios como un genio de la botella que debe cumplir con todos sus deseos que por lo general son fruto de la codicia (Stg. 4:3) o como un terapeuta cuya misión es elevar su autoestima a través de versículos bíblicos. La mujer enfocada en sí misma cree que su principal problema es que no está recibiendo lo que merece, así que lucha incansablemente por conseguirlo o se rinde y se hunde en un pozo de autoconmiseración.

El modelo de mujer que nos presenta la Biblia es completamente diferente. El énfasis en su vida es amar a Dios y a su prójimo. En vez de estar siempre pensando en sus propias necesidades ella siempre está planeando nuevas formas de ayudar a los demás. “Alarga su mano al pobre y extiende sus manos al menesteroso” (Prv. 31:20). Sus ojos están puestos en Cristo y no en sí misma. “Puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” (Heb. 12:2). No busca reconocimiento de sus logros o de sus sacrificios sino glorificar a Dios en todo lo que hace. Su vida no consiste en conseguir más y más sino en dar de lo mucho que ha recibido del Señor. No es “amadora de sí misma” (2ª Tim. 3:2) sino que estima a los demás como superiores (Fil.2:3). Busca los intereses del reino de Dios en vez de vivir afanada construyendo su propio imperio.

Tengo que aceptar que esa descripción me abruma. Somos egoístas por naturaleza y la corriente actual nos impulsa a continuar siéndolo. No solamente Ariana Grande quiere que su concentren en ella. Todos queremos ser el centro del universo, pero ese lugar le corresponde única y exclusivamente a Dios. Precisamente ese fue el pecado de la primera mujer: quiso ser semejante a Dios y eso ocasionó su ruina. La buena noticia es que Cristo murió en la cruz para ofrecernos una salida de ese círculo vicioso. Vivir para nosotras mismas es estresante. El yugo del Señor es fácil y ligera su carga (Mt. 11:30). Cada día es un nuevo comienzo con nuevas misericordias de Dios. Si ayer viví afanada viviendo para mí misma, este día me arrepiento y con la ayuda del Señor me propongo vivir únicamente para aquel que entregó su vida por mí. Te invito a que hagas lo mismo. Estoy segura que no te vas a arrepentir.


“Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” 2ª Cor. 5:15

Blogger invitada
Maria Elena Rivas