UNA INFLUENCIA DEBILUCHA
Más de una vez expresé que no me gustaba vivir en una
‘burbuja’. Me refería a que todo el tiempo estaba o en la iglesia, o en el
colegio cristiano en el que trabajo, o con mis amigos cristianos. No había otro
círculo en el que me desenvolviera.
Empecé a estudiar un posgrado en el 2012. Ahí mi
burbuja se rompió poco a poco. Compartir jornadas maratónicas de estudio con
personas no cristianas me acercó a ellos. La mayoría sabía de mi fe, pero eso
nunca fue impedimento para que creciera una amistad con muchos de ellos.
Al principio, yo me sentía muy incómoda al estar
expuesta a gente que hablaba con doble sentido todo el tiempo, sentía que mis
oídos iban a sangrar al escuchar tantas malas expresiones, y yo muy santa
evitaba que eso me contaminara.
Sin embargo; paulatinamente bajé las barreras. No
puedo precisar por qué o cómo pasó. Solo sucedió. Estaba desvelada casi todo el
tiempo, dejé de orar como antes, dejé de leer mi Biblia también, incluso dejé
los ministerios en la iglesia, bajo la promesa que iba a retomarlos al
graduarme. Quizás fue la suma de todo ello. No me di cuenta, pero ya parecía
adormecida ante el ambiente.
Justo en ese grupo de estudios conocí a alguien que se
fijó en mí. Fue bien fácil dejarme cautivar, pues en ese momento, como dije
antes, ya mis muros de ‘cristiana’ no eran más que unos cuantos ladrillos
debiluchos que cualquiera podía brincar. Y así ocurrió. Este hombre solo tuvo
que botar unos cuantos para acercarse. La historia es muy larga para narrarla
acá, sólo te resumo diciendo que me fue muy mal al decidir empezar una relación
con alguien que vivía en base a ‘valores’, pero que no tenía una relación
personal con Cristo. (Para leer más de mi testimonio puedes visitar http://destellos7.blogspot.com/2014/02/carta-para-una-mujer-cristiana.html)
Dejé a mis amigos de la iglesia, dejé de ir a mi grupo
semanal, dejé de conectarme con Dios como antes. De pronto mi círculo cambió.
Estaba en reuniones donde casi siempre había licor, donde escuchaba pláticas no
edificantes, donde se respiraba una perspectiva de la vida diametralmente
opuesta a la mía, era gente que llenaba su existencia con triunfos
profesionales y prosperidad material, y el Señor apenas tenía cabida ahí.
Aunque nunca me sentí realmente identificada con
ellos, me dejé envolver, me volví en una participante pasiva de ese estilo de
vida. Bajo la excusa de hacerlo por amor, bajé mis estándares (y yo era de las
que juzgaba a las cristianas que lo hacían), callé muchas veces la voz del
Espíritu Santo que me redargüía, me guardé para mí esa incomodidad permanente
por estar en un mundo en el que mi Padre no era el centro. La burbuja había
desaparecido hacía muchos meses.
Ya que la Palabra es Verdad, sólo fue cuestión de
tiempo para que todo terminara mal. El Señor establece que no debemos unirnos
en “yugo desigual” (2 Corintios 6:14). Ahora puedo afirmar que las advertencias
Suyas no son negociables. No podemos pretender que Él nos bendiga si estamos
haciendo algo que está fuera de Su voluntad. Claro que yo lo aprendí a la mala
y con mucho dolor posterior.
Doy testimonio que el Señor me dio de Su Gracia y que
sanó todo mi dolor. Hoy por hoy, me siento perdonada, restaurada y libre de
todo lo que ese capítulo de mi vida causó. Pero les confieso que hay una sola
cosa que cambiaría si pudiera: no ser tan debilucha como para dejarme
influenciar de la forma que lo hice y al mismo tiempo, ser lo suficientemente
fuerte como para haber sido sal y luz en medio de tanta gente que conocí y que
estaban-o siguen estando- necesitados de Dios.
A veces me acuerdo de ellos y oro para que la Gracia
del Señor los alcance y rescate. A veces, le he pedido a Él que me dé una
oportunidad de encontrarme a algunos de ellos para tratar de reparar la
influencia tan mediocre que fui.
Como hijas de Dios, debemos ser sabias a la hora de
decidir a quiénes dejamos influenciar nuestras vidas y la intensidad de esta
influencia. ¿Quiénes son tus amigos
íntimos? ¿Con quién pasas la mayor parte del tiempo? ¿A qué lugares vas con
esos amigos? ¿Qué tipo de conversaciones estás teniendo? ¿A quién llamas
primero al tener problemas? ¿Quiénes son tus consejeros más frecuentes? Esas
respuestas te pueden dar un diagnóstico de qué tipo de influencia estás
recibiendo.
Ahora veamos el otro lado. ¿Qué tanta huella estás dejando en los círculos de personas con los que
te relacionas? ¿Es tu fe evidente e incuestionable? ¿Tu cristianismo es
respetado o ignorado? ¿Te atreves a ser luz y sal con aquellos que no conocen
de Dios? ¿Eres reconocida por hablar del Dueño de tu vida? ¿Pasas el mensaje?
¿Tu estilo de vida hace que los demás noten que eres diferente?
Piensa en esto: Si
nuestra vida cristiana fuera una mesa, ¿estamos influyendo a otros para que se
suban a ella? O ¿son ellos los que nos hacen bajarnos de ahí con más facilidad?
¿No sería una meta preciosa pedirle al Señor que
cuando la gente se relacione con nosotros, lo vean a Él?
“No se
dejen engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” 1
Corintios 15:33 NVI
“Por
lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” 1
Corintios 10:12 NBD
“El que
con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá
mal parado”
Proverbios 13:20 NVI
Dome Maeda
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