Thursday, September 8, 2016

UN ENFOQUE DIFERENTE

Hace un tiempo estuvo de moda una canción de Ariana Grande que se llamaba “Focus on me”. La canción siempre me estresó, pero últimamente he estado pensando que esa realidad es la que vivimos muchas mujeres día a día. Pasamos enfocadas en nosotras mismas luchando por conseguir nuestra próxima meta: un buen esposo, una casa, unos hijos exitosos, una carrera, un mejor trabajo, un mejor estilo de vida, nueva ropa, unas vacaciones, una mejor autoestima, más reconocimiento, etc. etc. La lista es interminable. Ese énfasis desmedido en nosotras mismas nos lleva a sentirnos vacías porque los seres humanos fuimos creados para glorificar a Dios y no para buscar nuestra propia gloria.



Una mujer enfocada en sí misma se acerca a Dios con una motivación errónea. Percibe a Dios como un genio de la botella que debe cumplir con todos sus deseos que por lo general son fruto de la codicia (Stg. 4:3) o como un terapeuta cuya misión es elevar su autoestima a través de versículos bíblicos. La mujer enfocada en sí misma cree que su principal problema es que no está recibiendo lo que merece, así que lucha incansablemente por conseguirlo o se rinde y se hunde en un pozo de autoconmiseración.

El modelo de mujer que nos presenta la Biblia es completamente diferente. El énfasis en su vida es amar a Dios y a su prójimo. En vez de estar siempre pensando en sus propias necesidades ella siempre está planeando nuevas formas de ayudar a los demás. “Alarga su mano al pobre y extiende sus manos al menesteroso” (Prv. 31:20). Sus ojos están puestos en Cristo y no en sí misma. “Puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” (Heb. 12:2). No busca reconocimiento de sus logros o de sus sacrificios sino glorificar a Dios en todo lo que hace. Su vida no consiste en conseguir más y más sino en dar de lo mucho que ha recibido del Señor. No es “amadora de sí misma” (2ª Tim. 3:2) sino que estima a los demás como superiores (Fil.2:3). Busca los intereses del reino de Dios en vez de vivir afanada construyendo su propio imperio.

Tengo que aceptar que esa descripción me abruma. Somos egoístas por naturaleza y la corriente actual nos impulsa a continuar siéndolo. No solamente Ariana Grande quiere que su concentren en ella. Todos queremos ser el centro del universo, pero ese lugar le corresponde única y exclusivamente a Dios. Precisamente ese fue el pecado de la primera mujer: quiso ser semejante a Dios y eso ocasionó su ruina. La buena noticia es que Cristo murió en la cruz para ofrecernos una salida de ese círculo vicioso. Vivir para nosotras mismas es estresante. El yugo del Señor es fácil y ligera su carga (Mt. 11:30). Cada día es un nuevo comienzo con nuevas misericordias de Dios. Si ayer viví afanada viviendo para mí misma, este día me arrepiento y con la ayuda del Señor me propongo vivir únicamente para aquel que entregó su vida por mí. Te invito a que hagas lo mismo. Estoy segura que no te vas a arrepentir.


“Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” 2ª Cor. 5:15

Blogger invitada
Maria Elena Rivas


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