UN ENFOQUE DIFERENTE
Hace un tiempo estuvo de moda una canción de Ariana
Grande que se llamaba “Focus on me”. La canción siempre me estresó, pero
últimamente he estado pensando que esa realidad es la que vivimos muchas
mujeres día a día. Pasamos enfocadas en nosotras mismas luchando por conseguir
nuestra próxima meta: un buen esposo, una casa, unos hijos exitosos, una
carrera, un mejor trabajo, un mejor estilo de vida, nueva ropa, unas vacaciones,
una mejor autoestima, más reconocimiento, etc. etc. La lista es interminable. Ese
énfasis desmedido en nosotras mismas nos lleva a sentirnos vacías porque los
seres humanos fuimos creados para glorificar a Dios y no para buscar nuestra
propia gloria.
Una mujer enfocada en sí misma se acerca a Dios
con una motivación errónea. Percibe a Dios como un genio de la botella que debe
cumplir con todos sus deseos que por lo general son fruto de la codicia (Stg.
4:3) o como un terapeuta cuya misión es elevar su autoestima a través de
versículos bíblicos. La mujer enfocada en sí misma cree que su principal
problema es que no está recibiendo lo que merece, así que lucha incansablemente
por conseguirlo o se rinde y se hunde en un pozo de autoconmiseración.
El modelo de mujer que nos presenta la Biblia
es completamente diferente. El énfasis en su vida es amar a Dios y a su
prójimo. En vez de estar siempre pensando en sus propias necesidades ella
siempre está planeando nuevas formas de ayudar a los demás. “Alarga su mano al
pobre y extiende sus manos al menesteroso” (Prv. 31:20). Sus ojos están puestos
en Cristo y no en sí misma. “Puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de
la fe” (Heb. 12:2). No busca reconocimiento de sus logros o de sus sacrificios
sino glorificar a Dios en todo lo que hace. Su vida no consiste en conseguir
más y más sino en dar de lo mucho que ha recibido del Señor. No es “amadora de
sí misma” (2ª Tim. 3:2) sino que estima a los demás como superiores (Fil.2:3).
Busca los intereses del reino de Dios en vez de vivir afanada construyendo su
propio imperio.
Tengo que aceptar que esa descripción me
abruma. Somos egoístas por naturaleza y la corriente actual nos impulsa a
continuar siéndolo. No solamente Ariana Grande quiere que su concentren en
ella. Todos queremos ser el centro del universo, pero ese lugar le corresponde
única y exclusivamente a Dios. Precisamente ese fue el pecado de la primera
mujer: quiso ser semejante a Dios y eso ocasionó su ruina. La buena noticia es
que Cristo murió en la cruz para ofrecernos una salida de ese círculo vicioso. Vivir
para nosotras mismas es estresante. El yugo del Señor es fácil y ligera su
carga (Mt. 11:30). Cada día es un nuevo comienzo con nuevas misericordias de
Dios. Si ayer viví afanada viviendo para mí misma, este día me arrepiento y con
la ayuda del Señor me propongo vivir únicamente para aquel que entregó su vida
por mí. Te invito a que hagas lo mismo. Estoy segura que no te vas a
arrepentir.
“Y por todos murió, para que los que viven, ya
no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” 2ª Cor. 5:15
Blogger invitada
Maria Elena Rivas


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