El Estreno de Navidad
Cuando yo estaba
soltera mi mamá siempre me compraba un vestido nuevo para navidad y año nuevo.
Ahora siempre le regala algo a mi hija para que ande linda en las fiestas de
fin de año. Hace justo un año me
encontré pensando qué iba a ponerme para navidad y decidí pedirle algo
diferente a Dios:
“Padre, quisiera que este fin de año me vistieras con
un manto de alegría que me dure todo el año 2016. Así como vistes los lirios
del campo quisiera que cubrieras mi alma con colores alegres, llamativos,
brillantes.”
“Dame alegría esta navidad y que todos sepan que tú
eres el único autor y consumador no sólo de mi fe sino también de mi felicidad.
Quiero que tú también disfrutes viéndome estrenar estas fiestas de fin de año
así como yo disfruto ver a mi hija con su vestido nuevo.”
Hoy después de
un año puedo decir que Dios concedió mi deseo. Las circunstancias en mi vida
han sido similares y he tenido que enfrentar nuevos retos, pero Dios me regaló para la navidad del año pasado
una alegría diferente que me ha acompañado en todo el 2016.
No es una
euforia, sino una quietud en el alma. No es una negación de los problemas, sino
una aceptación del cuidado de mi Padre. No es un positivismo basado en mis
propias fuerzas, sino una fe en el Dios que ha prometido que nunca me
desamparará. No es una ilusión, sino una seguridad. No es un gozo completo,
pero es un comienzo.
Este diciembre
quiero lanzarte un reto: en vez de enfocarte en la ropa que te vas a poner para
las fiestas de fin de año pídele a Dios que te vista con un nuevo manto de
alegría y te unja con el óleo de su gozo.
La ropa pasa de
moda, pero el manto de alegría que Dios te ofrece se renueva cada día (2ª Co.
4:16). Los vestidos se destiñen, pero la túnica de colores con la que Dios
quiere vestir tu alma nunca se envejece (Dt. 29:5). No necesitas gastar nada porque
en el reino de Dios se compra sin dinero (Is. 55:1).
No tienes que
rebajar para ponértelo porque los regalos de Dios son hechos a la medida de sus
hijos. No depende de circunstancias favorables, sino únicamente de la comunión
con el Espíritu Santo que mora en tu corazón (1ª Pe. 1:8).
Jesús ya compró nuestro
estreno de navidad hace más de dos mil años en la cruz del calvario y ahora nuestra
única responsabilidad es decidir conscientemente usarlo a diario a través de la
fe. Pruébalo, después de usarlo un par de días nunca más vas a querer dejarlo.
“…a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé
gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en
lugar de espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de
Jehová para gloria suya”. Is. 61:3


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