Niños de Corazón
A medida que los años pasan, y voy creciendo, no puedo evitar tener momentos diarios en los que el deseo de volver ser una niña predomina más que ningún otro en mi mente. Cada día me enfrento a las circunstancias inevitables de mi realidad, como el terminar mis estudios universitarios, la búsqueda de un trabajo estable, y todas las responsabilidades que vienen incluidas en el paquete de “Ser Adulto Es Ineludible” (Edición para principiantes). Me vuelvo más perfeccionista, más obsesionada con el trabajo, y más organizada en todo aspecto. Podríamos decir que estas cosas no son necesariamente malas, sin embargo, si no tenemos cuidado, podemos perdernos y alejarnos del enfoque correcto al dejar que las repercusiones de crecer en este mundo nos alcancen.
Cuando crecemos, vivir en este mundo se vuelve más importante, y como consecuencia, comenzamos a desear desesperadamente encontrar nuestro lugar en la sociedad. Nos comenzamos a preguntar si realmente estamos haciendo bien las cosas, si estamos haciendo algo que vale la pena, si hemos tomado las decisiones correctas, o por qué nuestros planes no han resultado como queríamos. Es un hecho que la vida adulta está llena de quejas, frustraciones, incertidumbres y temores, y muchas veces (sino es que siempre) el resultado de esto es una caída segura en las manos de la ansiedad y preocupación, todo esto, sin contar las heridas y daños que nos han marcado y hemos recibido a través de los años. Las consecuencias de crecer en un mundo caído, nos va haciendo personas más frías, orgullosas y autosuficientes, y nos lleva a poner nuestra identidad y valor en lo pasajero del mundo.
Pero, ¿sabías que no necesariamente tiene que ser así? ¿Que ser adulto no significa perder el gozo, la felicidad, la pasión y creatividad? ¿Que no significa perder el interés por las cosas sencillas? e incluso, ¿no significa que nos tenemos que volver autosuficientes?. ¿Qué pensarías si te digo que Dios nos llama a ser como niños? Aunque para ti sea difícil de creer, los niños tienen mucho que enseñarnos en cuanto a cómo enfrentar la vida, y sobretodo, tienen mucho que enseñarnos en cuanto a nuestra fe Cristiana. Jesús nos habla de esto en Lucas 18, versículos del 16 al 17:
"Entonces Jesús llamó a los niños y dijo a los discípulos: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños. Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él»."
¿Por qué Jesús compara la fe de un cristiano con la manera de ser de los niños? Déjame, te explico: Los niños son personitas completamente dependientes de sus padres. No pueden comer o vestirse sin que sus padres estén ahí para ellos. Son su refugio en momentos de temor e inseguridad, y con quienes desean compartir sus más nuevos descubrimientos e ideas. Su inocencia les permite disfrutar las cosas sencillas de la vida, sin dejar de lado el hecho que se frustran cuando los padres, en su sabiduría, impiden o estorban planes que pueden dañarlos más de lo que ellos de imaginan (¿te suena conocido?).
A medida que los años pasan, y voy creciendo, no puedo evitar tener momentos diarios en los que el deseo de volver ser una niña predomina más que ningún otro en mi mente. Cada día me enfrento a las circunstancias inevitables de mi realidad, como el terminar mis estudios universitarios, la búsqueda de un trabajo estable, y todas las responsabilidades que vienen incluidas en el paquete de “Ser Adulto Es Ineludible” (Edición para principiantes). Me vuelvo más perfeccionista, más obsesionada con el trabajo, y más organizada en todo aspecto. Podríamos decir que estas cosas no son necesariamente malas, sin embargo, si no tenemos cuidado, podemos perdernos y alejarnos del enfoque correcto al dejar que las repercusiones de crecer en este mundo nos alcancen.
Cuando crecemos, vivir en este mundo se vuelve más importante, y como consecuencia, comenzamos a desear desesperadamente encontrar nuestro lugar en la sociedad. Nos comenzamos a preguntar si realmente estamos haciendo bien las cosas, si estamos haciendo algo que vale la pena, si hemos tomado las decisiones correctas, o por qué nuestros planes no han resultado como queríamos. Es un hecho que la vida adulta está llena de quejas, frustraciones, incertidumbres y temores, y muchas veces (sino es que siempre) el resultado de esto es una caída segura en las manos de la ansiedad y preocupación, todo esto, sin contar las heridas y daños que nos han marcado y hemos recibido a través de los años. Las consecuencias de crecer en un mundo caído, nos va haciendo personas más frías, orgullosas y autosuficientes, y nos lleva a poner nuestra identidad y valor en lo pasajero del mundo.
Pero, ¿sabías que no necesariamente tiene que ser así? ¿Que ser adulto no significa perder el gozo, la felicidad, la pasión y creatividad? ¿Que no significa perder el interés por las cosas sencillas? e incluso, ¿no significa que nos tenemos que volver autosuficientes?. ¿Qué pensarías si te digo que Dios nos llama a ser como niños? Aunque para ti sea difícil de creer, los niños tienen mucho que enseñarnos en cuanto a cómo enfrentar la vida, y sobretodo, tienen mucho que enseñarnos en cuanto a nuestra fe Cristiana. Jesús nos habla de esto en Lucas 18, versículos del 16 al 17:
"Entonces Jesús llamó a los niños y dijo a los discípulos: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños. Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él»."
¿Por qué Jesús compara la fe de un cristiano con la manera de ser de los niños? Déjame, te explico: Los niños son personitas completamente dependientes de sus padres. No pueden comer o vestirse sin que sus padres estén ahí para ellos. Son su refugio en momentos de temor e inseguridad, y con quienes desean compartir sus más nuevos descubrimientos e ideas. Su inocencia les permite disfrutar las cosas sencillas de la vida, sin dejar de lado el hecho que se frustran cuando los padres, en su sabiduría, impiden o estorban planes que pueden dañarlos más de lo que ellos de imaginan (¿te suena conocido?).
Pues de la misma manera, Dios nos llama a depender de Él en todo sentido, nos llama a buscarlo
como nuestro único refugio y nuestra roca firme de seguridad. Nos llama a no ser
autosuficientes y a dejar todo el orgullo atrás, haciéndonos ver que “Separados de Él, nada
podemos hacer.” (Juan 15:4-5) Nos llama a depositar toda nuestra confianza en Él, aunque
muchas veces no entendamos porqué suceden las cosas, porque sabemos que Él cuida de
nosotros (Romanos 8:28-39, Mateo 6:23-33) Y que en momentos de adversidad, angustia, y
batallas en contra del pecado, Él es nuestro ayudador y consolador. (Mateo 11:28, Salmos
147:3)
Tengamos la edad que tengamos, nuestra dependencia hacia Dios, nuestro Padre, no se cortará nunca. Todo esto forma parte de la gracia; del regalo inmerecido de su salvación. Como cristianos tenemos la garantía de Su cuidado eterno. No perdamos de vista esta hermosa enseñanza, y no permitamos que los afanes del diario vivir nos roben el gozo del cuidado que Dios tiene sobre nuestras vidas. La redención es completa, y el cuidado por sus escogidos no tiene fin.
“Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.” – 1 Pedro 5:7 (NTV)
Blogger Invitada
Alessandra
http://valiente-timidez.tumblr.com
Tengamos la edad que tengamos, nuestra dependencia hacia Dios, nuestro Padre, no se cortará nunca. Todo esto forma parte de la gracia; del regalo inmerecido de su salvación. Como cristianos tenemos la garantía de Su cuidado eterno. No perdamos de vista esta hermosa enseñanza, y no permitamos que los afanes del diario vivir nos roben el gozo del cuidado que Dios tiene sobre nuestras vidas. La redención es completa, y el cuidado por sus escogidos no tiene fin.
“Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.” – 1 Pedro 5:7 (NTV)
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