Wednesday, June 8, 2016

DIOS Y MI PAPÁ

Fue a finales de los 90´s que por fin lo entendí. Dios usó a mi líder de esa época, para mostrarme algo que podríamos llamar un ‘traslape’ que yo había hecho entre Dios y mi papá.

Ya lo había escuchado antes, pero ahora estaba tan claro, mi relación con el Señor tenía muchos vacíos como consecuencia de mi relación con mi papá terrenal.

Mi papá hizo lo mejor que pudo, era tan imperfecto como yo, pero en aquellos años en los que no se había entregado por completo a Dios, tuvimos que aguantar muchas cosas en casa. Fue un alcohólico activo por muchos años y aunque dejó de consumir, su carácter distorsionado por su adicción, el típico machismo de antaño y su formación al estilo militar se combinaron para que yo le temiera y le resintiera el maltrato que trajo a la familia.

Por años pasé verdaderamente confundida. No entendía por qué si Dios me amaba, no escuchaba mis oraciones desesperadas suplicándole que cambiara a mi papá. Asistía a la Escuela Dominical fielmente, estudiaba en un colegio cristiano, trataba de portarme bien siempre y me esforzaba por cumplir cada promesa que le hacía al Señor, con tal de convencerlo de hacer algo para transformar a mi familia.

Aunque casi nunca lo decía en voz alta, como niña y luego como adolescente, siempre tuve claro que el culpable del infierno en casa era mi papá. ‘Sería feliz si tan sólo dejara de ser tan explosivo, si tan sólo dejara de maltratar a mi mamá, si tan sólo fuera más cariñoso, si tan sólo dejara de ser tan machista, si tan sólo…’ y al pasar los años, y ver que mi papá terrenal no nos amaba lo suficiente, y que mi Papá celestial tampoco hacía nada…empecé a creer, casi sin darme cuenta, que Dios no era tan mejor papá que el mío.


Llegué a convencerme que Dios era tan estricto como mi papá y que yo debía esforzarme al máximo por portarme bien para no molestarlos a ninguno de los dos, tú sabes, para no hacerlos enojar. Pasé años sin tener la suficiente confianza que una hija debería tener, para acercarse con naturalidad a su papá para pedirle cualquier cosa, y lo mismo me ocurría con Dios, mis oraciones eran bien temerosas, sin sentirme lo suficientemente digna para pedir con soltura. Cuando algo malo ocurría, siempre trataba de buscar en lo que me había equivocado para que mi Papá Celestial dejara que eso pasara.

Con mi papá nunca se pisaba terreno firme. No se sabía de qué humor andaba. El día, en muchas ocasiones se vivía en torno a cómo él amaneciera, o a cómo volviera de la calle. Tenía el poder para amargar un paseo, un cumpleaños, un día tranquilo, lo que fuera. Había que estar atentos y actuar de acuerdo a lo que él mostraba. Muchas veces, las encerronas en el cuarto, eran la mejor salida. Lo curioso es que con Dios las cosas no eran así, pero yo casi nunca lo notaba. También le huía, también pasaba mucho tiempo sin hablarle, también me alejaba.

Pero Dios usó a esa líder para sanarme. Me costó mucho aceptar que mi accidentada relación con mi papá había afectado mi relación con Él. ¿Cómo es posible? ¡Si yo he estado en una iglesia toda mi vida! ¡No puede ser! Pero sí lo era. No tenía problemas con aceptar la faceta de Dios como Señor, como Todopoderoso, claro que para Él nada es imposible. Pero…cuando me pidieron analizar Su lado de Padre, la cosa cambió. Estaba dolida con Él porque no hizo nada en años para restaurar a mi familia y cambiar a mi papá. Me parecía hasta cierto punto injusto que a pesar de mis mejores esfuerzos por ser tan correcta, Él siguiera guardando silencio. ¿Por qué nunca nos defendió? ¿Por qué no hacía algo definitivo con mi papá?

Empecé a escarbar poco a poco. Y tomó un tiempo entender, pero aquel estorbo que sentía en mi relación con el Señor, aquel no sé qué, que no me permitía sentirme amada por completo por Él, aquel dolorcito que me hacía dudar de Su amor y Su bondad, se derivaba de mi relación con mi papá.

Fue un proceso. Comencé por perdonar (si eso puede ser posible) al Señor por no haber intervenido en la violencia intrafamiliar que viví. Eso me trajo libertad para acercarme con más confianza a Él. Mi papá siguió fallando, pero trataba de tenerle compasión, pues su misma infancia no había sido sanada aún.

Paradójicamente, ese lado de Dios como Papá, lo conocí tan profundamente, hasta que mi papá terrenal murió de forma repentina. Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Lamento los años que perdí en mi relación con mi papá, pero también con Dios, pues le rehuí por mucho tiempo. ¡No sabía de lo que me perdía!

El Señor, en su misericordia, me permitió ver en los últimos años de vida de mi papá, una restauración  en su matrimonio y muchos cambios en él. Pero sobre todo, me sanó. Y hasta este día, me sigue mostrando que no hay mejor Papá que Él. Que no importa los años que pasen, yo seguiré siendo Su niña, me seguirá amando con locura, seguirá interesado en oír con atención cómo estuvo mi día, seguirá emocionándose conmigo cuando logro algo, seguirá proveyendo para mis necesidades, seguirá consolándome cuando algo me duele, seguirá defendiéndome cuando alguien me hace daño.


Si tu papá terrenal no fue el ideal, si te falló, si te abandonó, si nunca le conociste, si te lastimó demasiado, si le resientes algo…quiero animarte a ir a tu Papá Celestial y dejar que te sane, Él tiene el poder para darte un nuevo comienzo.

O si como yo, sientes que Dios te ha fallado como Papá, quiero decirte con mucho amor que estás equivocada, Él no es como nuestros papás terrenales, Él jamás nos dejará, Él nunca condicionará Su amor, Él jamás te hará daño. Vuelve a Él, corre como niña y lánzate a Sus brazos, deja que Su misericordia te cubra y que Su presencia te de la certeza que eres Su hija amada.

“Yo seré para ustedes como un padre, y ustedes serán para mí como mis hijos y mis hijas. Esto lo afirmo Yo, el Dios Todopoderoso” 2 Corintios 6:18 TLA

“Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en Sus brazos” Salmos 27:10 NVI

Blogger invitada
Doménica Maeda

No comments:

Post a Comment