DIOS Y MI PAPÁ
Fue a finales de los 90´s que
por fin lo entendí. Dios usó a mi líder de esa época, para mostrarme algo que
podríamos llamar un ‘traslape’ que yo había hecho entre Dios y mi papá.
Ya lo había escuchado antes,
pero ahora estaba tan claro, mi relación con el Señor tenía muchos vacíos como
consecuencia de mi relación con mi papá terrenal.
Mi papá hizo lo mejor que
pudo, era tan imperfecto como yo, pero en aquellos años en los que no se había
entregado por completo a Dios, tuvimos que aguantar muchas cosas en casa. Fue
un alcohólico activo por muchos años y aunque dejó de consumir, su carácter
distorsionado por su adicción, el típico machismo de antaño y su formación al
estilo militar se combinaron para que yo le temiera y le resintiera el maltrato
que trajo a la familia.
Por años pasé verdaderamente
confundida. No entendía por qué si Dios me amaba, no escuchaba mis oraciones
desesperadas suplicándole que cambiara a mi papá. Asistía a la Escuela
Dominical fielmente, estudiaba en un colegio cristiano, trataba de portarme
bien siempre y me esforzaba por cumplir cada promesa que le hacía al Señor, con
tal de convencerlo de hacer algo para transformar a mi familia.
Aunque casi nunca lo decía en
voz alta, como niña y luego como adolescente, siempre tuve claro que el
culpable del infierno en casa era mi papá. ‘Sería
feliz si tan sólo dejara de ser tan
explosivo, si tan sólo dejara de maltratar a mi mamá, si tan sólo fuera más
cariñoso, si tan sólo dejara de ser tan machista, si tan sólo…’ y al pasar
los años, y ver que mi papá terrenal no nos amaba lo suficiente, y que mi Papá
celestial tampoco hacía nada…empecé a creer, casi sin darme cuenta, que Dios no
era tan mejor papá que el mío.
Llegué a convencerme que Dios
era tan estricto como mi papá y que yo debía esforzarme al máximo por portarme
bien para no molestarlos a ninguno de los dos, tú sabes, para no hacerlos
enojar. Pasé años sin tener la suficiente confianza que una hija debería tener,
para acercarse con naturalidad a su papá para pedirle cualquier cosa, y lo
mismo me ocurría con Dios, mis oraciones eran bien temerosas, sin sentirme lo
suficientemente digna para pedir con soltura. Cuando algo malo ocurría, siempre
trataba de buscar en lo que me había equivocado para que mi Papá Celestial
dejara que eso pasara.
Con mi papá nunca se pisaba
terreno firme. No se sabía de qué humor andaba. El día, en muchas ocasiones se
vivía en torno a cómo él amaneciera, o a cómo volviera de la calle. Tenía el
poder para amargar un paseo, un cumpleaños, un día tranquilo, lo que fuera.
Había que estar atentos y actuar de acuerdo a lo que él mostraba. Muchas veces,
las encerronas en el cuarto, eran la mejor salida. Lo curioso es que con Dios
las cosas no eran así, pero yo casi nunca lo notaba. También le huía, también
pasaba mucho tiempo sin hablarle, también me alejaba.
Pero Dios usó a esa líder para
sanarme. Me costó mucho aceptar que mi accidentada relación con mi papá había
afectado mi relación con Él. ¿Cómo es posible? ¡Si yo he estado en una iglesia
toda mi vida! ¡No puede ser! Pero sí lo era. No tenía
problemas con aceptar la faceta de Dios como Señor, como Todopoderoso, claro
que para Él nada es imposible. Pero…cuando me pidieron analizar Su lado de
Padre, la cosa cambió. Estaba dolida con Él porque no hizo nada en años para
restaurar a mi familia y cambiar a mi papá. Me parecía hasta cierto punto
injusto que a pesar de mis mejores esfuerzos por ser tan correcta, Él siguiera
guardando silencio. ¿Por qué nunca nos
defendió? ¿Por qué no hacía algo definitivo con mi papá?
Empecé a escarbar poco a poco.
Y tomó un tiempo entender, pero
aquel estorbo que sentía en mi relación con el Señor, aquel no sé qué, que no
me permitía sentirme amada por completo por Él, aquel dolorcito que me hacía
dudar de Su amor y Su bondad, se derivaba de mi relación con mi papá.
Fue un proceso. Comencé por
perdonar (si eso puede ser posible) al Señor por no haber intervenido en la
violencia intrafamiliar que viví. Eso me trajo libertad para acercarme con más
confianza a Él. Mi papá siguió fallando, pero trataba de tenerle compasión,
pues su misma infancia no había sido sanada aún.
Paradójicamente, ese lado de
Dios como Papá, lo conocí tan profundamente, hasta que mi papá terrenal murió
de forma repentina. Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Lamento
los años que perdí en mi relación con mi papá, pero también con Dios, pues le
rehuí por mucho tiempo. ¡No sabía de lo que me perdía!
El Señor, en su misericordia,
me permitió ver en los últimos años de vida de mi papá, una restauración en su matrimonio y muchos cambios en él. Pero
sobre todo, me sanó. Y hasta este día, me sigue mostrando que no hay mejor Papá
que Él. Que no importa los años que pasen, yo seguiré siendo Su niña, me
seguirá amando con locura, seguirá interesado en oír con atención cómo estuvo
mi día, seguirá emocionándose conmigo cuando logro algo, seguirá proveyendo
para mis necesidades, seguirá consolándome cuando algo me duele, seguirá
defendiéndome cuando alguien me hace daño.
Si tu papá terrenal no fue el
ideal, si te falló, si te abandonó, si nunca le conociste, si te lastimó
demasiado, si le resientes algo…quiero animarte a ir a tu Papá Celestial y
dejar que te sane, Él tiene el poder para darte un nuevo comienzo.
O si como yo, sientes que Dios
te ha fallado como Papá, quiero decirte con mucho amor que estás equivocada, Él
no es como nuestros papás terrenales, Él jamás nos dejará, Él nunca
condicionará Su amor, Él jamás te hará daño. Vuelve a Él, corre como niña y
lánzate a Sus brazos, deja que Su misericordia te cubra y que Su presencia te
de la certeza que eres Su hija amada.
“Yo seré para ustedes como un padre,
y ustedes serán para mí como mis hijos y mis hijas. Esto lo afirmo Yo, el Dios
Todopoderoso” 2 Corintios 6:18 TLA
“Aunque mi padre y mi madre me
abandonen, el Señor me recibirá en Sus brazos” Salmos 27:10 NVI
Blogger invitada
Doménica Maeda


No comments:
Post a Comment