Siempre me ha encantado leer, pero tengo que aceptar que por mucho tiempo no me gustó leer la Biblia. Oía mensajes y sermones acerca de pasajes bíblicos, pero nunca me había dado a la tarea de estudiarla por mí misma.
Fue en el 2008 que mi vida tuvo un cambio de 180 grados. Podía notar algo diferente en el desarrollo de mi hijo de dos años, así que en mi angustia me dediqué a buscar un consuelo de parte de Dios en su palabra. En realidad yo solamente quería una respuesta a mi problema, una promesa de la salvación de mi hijo, pero Dios terminó sorprendiéndome. No me ofreció una receta, ni una promesa que “reclamar”, ni un manual para ser una mejor madre. Me presentó al mismo Jesús de una forma que nunca antes lo había visto y yo me enamoré perdidamente de Él.
He sido cristiana desde pequeña, pero algo especial sucedió en esos próximos años. Jesús se fue revelando a mi vida y yo lo pude apreciar como nunca antes lo había hecho. La situación de mi hijo se fue complicando cada vez más y mi corazón estaba hecho pedazos, pero por otro lado era como una esponja que recibía y recibía amor de Dios a través de las páginas de su Palabra. En un principio me dediqué a buscar versículos aislados y a transcribirlos en cuadernos, pero después de un tiempo me puse a leer libros de la Biblia en una forma más sistemática y finalmente decidí apoyarme en comentarios bíblicos. Desde entonces no he podido apartarme de la Biblia. Para mí no es un deber leerla; es un placer, una necesidad, un alivio, un consuelo, una medicina para mi alma enferma…Han pasado ocho años desde entonces y las circunstancias de mi vida siguen más o menos iguales. Por fuera todo se ve similar, pero por dentro todo ha cambiado. Ahora ya no puedo concebir mi vida como era antes. No me puedo conformar con un sermón cada domingo por más lindo que sea. Necesito oír a diario una palabra de afirmación o de esperanza o de instrucción o de regaño de parte de mi Padre Celestial.
He leído cientos de libros en mi vida, pero nunca he encontrado un libro como la Biblia. Puede ser que no tenga “dibujitos”, pero impregna su luz en mi alma de una forma indeleble. No me relaja desconectándome de la realidad, pero me ofrece paz conectándome con Cristo. Me confronta con mis errores, pero me ofrece el incondicional perdón de Dios. Puedo haber leído un pasaje mil veces, pero siempre tiene la capacidad de decirme algo nuevo la siguiente vez. Es un libro “mágico”: se abre cuando lo leo con actitud humilde, pero se cierra cuando lo leo con orgullo. Por fuera parece solamente un libro antiguo con reglas anticuadas, pero cuando la aplico a mi corazón es dulce a mi paladar.
Quisiera que mi ejemplo sirva para inspirar a otras mujeres. No sé qué luchas estás pasando, pero la verdad es que la solución a todos nuestros problemas está únicamente en Cristo. No te puedo prometer que tu hijo será sanado o tus deudas canceladas. Sólo Dios conoce los planes que Él tiene para tu vida. Lo que sí te puedo asegurar es que Dios anhelamostrarte a su Hijo Jesucristo y no hay un mejor lugar para encontrarlo que en las páginas de esa Biblia guardada en tu gaveta. Búscalo, déjate sorprender.
“Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel” Ezequiel 3:3
Blogger invitada:
Maria Elena Rivas
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