La Astucia del Corazón
No sé si alguien ha visto la serie “House of
Cards”. La he tratado de ver en dos ocasiones y después de unos cuantos episodios
termino dejándola. He visto otras series con peores villanos pero hay algo en
Frank Underwood y su esposa que me repugna demasiado para seguirla viendo. Son
demasiado sesgados, manipuladores, astutos, calculadores… Nada de lo que ellos
dicen es real o auténtico. Siempre tienen una agenda oculta y son profesionales del engaño. Son hábiles
haciendo que los demás hagan exactamente lo que ellos quieren.
Todo
esto me recuerda al primer villano de la historia humana… “Pero la serpiente
era astuta, más que todos los animales del campo…” Gn. 3:1. La serpiente se
acercó a Eva con una agenda oculta, con medias verdades, con intrigas,
sembrando dudas y logró engañarla. Pablo hace hincapié en esta frase: “…la
mujer fue engañada…” (1ª Tim. 2:14). Ahora
las mujeres nos jactamos de tener un sexto sentido, de ver mucho más
lejos que los hombres, de manejar a los esposos a nuestro antojo, pero aún la
primera mujer sin ninguna inclinación al pecado fue engañada. Ese hecho debería
de llenarnos de humildad. Nuestra inteligencia relacional no nos exime de la
posibilidad de ser engañadas. Satanás todavía se nos acerca con cientos de
mentiras y una de ellas es la siguiente: “Si quieres algo bueno puedes ocupar
artimañas y medias verdades para
conseguirlo. El fin justifica los medios”. El problema es que esa forma
maquiavélica de ver la vida no es una virtud en el reino de los cielos. El
Señor no nos permite usar ese tipo de astucia ni siquiera para predicar el
evangelio. “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con
astucia, ni adulterando la palabra de Dios…” 2ª Co. 4:2. Tratar de convencer a
las personas con medios no transparentes es reprobable aun cuando el fin sea
honorable. Ser “astuta de corazón” (Prv. 7:10) no es un cumplido en la Biblia.
Es una forma de describir a una persona
manipuladora y egocéntrica que siempre se sale con la suya.
“Y he hallado más amarga que la muerte a la
mujer cuyo corazón es lazos y redes y sus manos ligaduras” Ecl. 7:26
Una mujer que teme a Dios no utiliza a otras
personas para conseguir lo que quiere, sino que se acerca a Dios con un corazón
sincero y confiando en la gracia de Dios. Deposita sus cargas ante Él y reposa
en su amor y su cuidado. No es una persona pasiva sin ideas propias. Su esposo
la aprecia y busca continuamente su sabio y sincero consejo sin desconfiar de
sus verdaderas intenciones (Prv. 31:11). Su sí es sí y su no es no (Mt. 5:37;
Stg. 5:12). En pocas palabras no se parece en nada a Frank Underwood de “House
of Cards” y por otro lado cada día se parece más a Jesús. Ambos son un extremo
y hay un amplio espectro en el medio. Por un lado me repugna Frank y por otro
lado Jesús es digno de toda mi admiración. La decisión no es difícil, elijo el
carácter sencillo y sincero que me ofrece Jesús y que mostraban los primeros
cristianos (Hechos 2:46).
“Porque nuestra gloria es ésta: el testimonio
de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría
humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho
más con vosotros”. 2ª Co. 1:12
Blogger invitada
Maria Elena de Rivas


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