Tuesday, October 25, 2016

T.E.M.O.R. (Toda Evidencia Mentirosa que Oculta la Realidad)*

*Escribí esto en Febrero del 2014, pero al leerlo de nuevo, Dios volvió a hablar a mi vida, por eso quise compartirlo.

Mi papá nació en un pueblo llamado Guaymango, que pertenece a Ahuachapán. Era usual que pasáramos las vacaciones allá cuando mis hermanos y yo estábamos pequeños. Casi siempre nos hospedábamos en la casa de una tía, la tía Delmy. Esa casa era una típica casa de pueblo: grande, con muchos cuartos, con tejas en buena parte del techo, con animales dentro, etc.



A mí me encantaba ir a Guaymango. Primero porque salíamos de la rutina, luego porque comíamos bastante y de todo lo que queríamos y también porque nos consentían mucho. Pero había una cosa que no me gustaba, usualmente cuando llegaba la noche. Y era que el baño de esa casa quedaba afuera, en el patio. Y si yo quería ir al baño a media noche-lo cual era seguro que iba a pasar- me tocaba salir del cuarto, caminar en medio de esa casota con una lámpara en mano, bajar unas gradas para llegar a una salita, luego seguir caminando hasta la cocina y bajar otras  gradas más adelante, para finalmente llegar al patio donde estaba el baño. Pero en el patio siempre se veían sombras, se oían ruidos extraños, las hojas de los árboles se movían de forma sospechosa y todo estaba negro.

Debo admitirlo, daba terror. Lo intenté un par de veces y me asusté mucho. Creo que de hecho una vez me hice pipí en la cama con tal de no salir y recorrer ese largo camino. Para una niña como lo era yo en esa época, era un enorme reto que requería de mucho coraje, y obviamente no lo superé. Recuerdo muy bien como yo en mi casa podía ir al baño sola durante la noche sin problemas; pero ir al baño de la tía Delmy, eso sí daba miedo.

Afortunadamente, en algunas ocasiones, mis papás se levantaban y nos llevaban al baño y así todo era más fácil.

Dejamos de ir a Guaymango por varios años. Y cuando regresé ya estando en la universidad, me volví a hospedar en casa de tía Delmy. Y aunque le habían hecho modificaciones a la casa, hice un recorrido en ella. Y me llamó mucho la atención que ese largo camino para ir al baño que yo recordaba, no eran más que unos cuantos metros. De niña me parecían kilómetros, pero ahora perfectamente podía levantarme en la noche e ir a ese lugar sin miedo.

Cada vez que leo o escucho algo sobre el temor recuerdo esa percepción que yo tuve por mucho tiempo. El temor es así, se muestra como un gigante, tan real, tan poderoso, tan presente. Es capaz de paralizarte, convenciéndote de que algo malo, lo más malo que puedas imaginar, va a ocurrir sin duda. Tiene el poder de hacerte perder la paz; de afectar tu humor, tus relaciones, tu salud; así como de generar una serie de interrogantes sobre el papel que juega Dios en todo eso.

¿Te ha pasado? ¿Te está pasando?

Cuando me descubro llena de miedo acerca de situaciones como enfermedades graves, la inseguridad del país, protección de mi familia, estabilidad económica y el futuro en general; siento que Dios me recuerda ese baño en esa casa en Guaymango. Pensar en ello es un recordatorio que con frecuencia los temores son enormemente más grandes que la realidad. Pensar en ese camino hacia ese baño me parece que es la voz de Dios diciéndome: "pronto vas a darte cuenta que aquello que te ha llenado de temor por un tiempo, luego va a parecerte cosa de niños, y no vas a poder creer que le temías a algo que en realidad no era tan grande"

Quizás has estado enfrentando un temor recientemente, quizás el camino a recorrer te parece  imposible de cruzar, quizás has decidido ni intentarlo. Ahora yo te invito a confiar, a dejar que tu Padre Celestial camine contigo, como mis papás lo hacían, para que a pesar de tener miedo, puedas avanzar. Y aún cuando el recorrido parece larguísimo y está todo oscuro, debes saber que se te está cuidando. Dios es más grande que tu temor.



"Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque Tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado;  me guías por el buen camino y me llenas de confianza"                Salmos 23:4

"El Señor está conmigo; no tengo miedo. ¿Qué me puede hacer el hombre?" Salmos 118:6

"No tengas miedo, pues Yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, Yo te ayudo, Yo te sostengo con mi mano victoriosa" Isaías 41:10


“[Tu Nombre] No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová, asegurado está su corazón; no temerá” Salmos 112:7-8a

Dome Maeda
Blogger invitada
http://destellos7.blogspot.com

Monday, October 10, 2016

UNA CASA EDIFICADA SOBRE LA ROCA


Un día de estos vi en un documental un mar con olas gigantescas. Supongo que las imágenes me dejaron impactada porque en la noche tuve una pesadilla. Soñé que íbamos en el carro con mi esposo y mis hijos. A la izquierda estaba el mar y a la derecha estaba un muro altísimo de piedra. El día se veía gris y el mar estaba agitado. El nivel del agua subía a cada instante y las olas que empezaban a caer en la calle eran cada vez más grandes. No había escapatoria. Mi esposo aceleraba el carro, pero ni adelante ni atrás se veía un tramo seguro. Entonces yo me pasaba al asiento de atrás  con mis hijos y les decía: “Niños, en unos segundos las olas nos van a cubrir. Lo más importante en todo esto es permanecer todos juntos, así que agarrémonos de las manos y no nos soltemos por nada del mundo.” Gracias a Dios en ese momento me desperté y ya no supe lo que pasó después. Difícilmente nos hubiéramos podido mantener juntos. ¿Quién puede hacerle frente a la fuerza del mar?

No es la primera vez que me encuentro en un camino parecido al del sueño. Por un lado veo las olas amenazando mi vida y por el otro lado veo cerrada cualquier posible ruta de escape. El temor trata de inundar mi corazón. Veo el agua empezar a meterse bajo la puerta de mi alma y mi primera reacción es entrar en pánico, pero esta vez no quiero dejarme vencer por el temor. Puede ser que Dios permita que algunas olas pasen sobre mi familia (Sal. 42:7; Jonás 2:3), pero si mi vida está fundada sobre la verdad del evangelio no habrá inundación o tormenta que pueda destruirme.

“Cualquiera, pues que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos  y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. Mt. 7:24,25

¿Qué puede hacerme una inundación? Puede llevarse algunos tesoros que tengo en la tierra, pero no puede llevarse  los que Dios tiene guardados para mí en el cielo. (Mt. 6:19,20) Puede llevarse las cosas que he construido con materiales débiles como la paja o la hojarasca, pero no puede arrebatarme todas las cosas que por la gracia de Dios he construido con oro y plata. (1ª Co. 3:12, 13) Puede llevarse algunas propiedades, pero no puede quitarme la morada que Jesús fue a preparar para mí cuando ascendió al cielo. (Jn. 14:2) Puede llevarse mi salud física, pero no puede destruir mi alma. Puede privarme de alguna libertad, pero no puede robarme mi libertad en Cristo. (Jn. 8:36) Puede amenazar con separar mi familia, pero el amor de Dios tiene lazos resistentes al agua que nos mantienen unidos en Cristo.

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” Cantares 8:7



Mi oración en este tramo de la carretera es que Dios me libre de las olas que quieren golpear mi vida. Una sola palabra de Jesús basta para calmar cualquier tempestad que se quiera levantar contra mí, pero si Dios en su infinita sabiduría permite que las olas lleguen a mi familia, entonces voy a tratar de recordar algo: Si mi vida está escondida en Cristo no tengo nada de qué temer.


“A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” Sal. 16:8

Maria Elena Rivas | Blogger Invitada
https://merivassal.wordpress.com