Monday, October 10, 2016

UNA CASA EDIFICADA SOBRE LA ROCA


Un día de estos vi en un documental un mar con olas gigantescas. Supongo que las imágenes me dejaron impactada porque en la noche tuve una pesadilla. Soñé que íbamos en el carro con mi esposo y mis hijos. A la izquierda estaba el mar y a la derecha estaba un muro altísimo de piedra. El día se veía gris y el mar estaba agitado. El nivel del agua subía a cada instante y las olas que empezaban a caer en la calle eran cada vez más grandes. No había escapatoria. Mi esposo aceleraba el carro, pero ni adelante ni atrás se veía un tramo seguro. Entonces yo me pasaba al asiento de atrás  con mis hijos y les decía: “Niños, en unos segundos las olas nos van a cubrir. Lo más importante en todo esto es permanecer todos juntos, así que agarrémonos de las manos y no nos soltemos por nada del mundo.” Gracias a Dios en ese momento me desperté y ya no supe lo que pasó después. Difícilmente nos hubiéramos podido mantener juntos. ¿Quién puede hacerle frente a la fuerza del mar?

No es la primera vez que me encuentro en un camino parecido al del sueño. Por un lado veo las olas amenazando mi vida y por el otro lado veo cerrada cualquier posible ruta de escape. El temor trata de inundar mi corazón. Veo el agua empezar a meterse bajo la puerta de mi alma y mi primera reacción es entrar en pánico, pero esta vez no quiero dejarme vencer por el temor. Puede ser que Dios permita que algunas olas pasen sobre mi familia (Sal. 42:7; Jonás 2:3), pero si mi vida está fundada sobre la verdad del evangelio no habrá inundación o tormenta que pueda destruirme.

“Cualquiera, pues que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos  y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. Mt. 7:24,25

¿Qué puede hacerme una inundación? Puede llevarse algunos tesoros que tengo en la tierra, pero no puede llevarse  los que Dios tiene guardados para mí en el cielo. (Mt. 6:19,20) Puede llevarse las cosas que he construido con materiales débiles como la paja o la hojarasca, pero no puede arrebatarme todas las cosas que por la gracia de Dios he construido con oro y plata. (1ª Co. 3:12, 13) Puede llevarse algunas propiedades, pero no puede quitarme la morada que Jesús fue a preparar para mí cuando ascendió al cielo. (Jn. 14:2) Puede llevarse mi salud física, pero no puede destruir mi alma. Puede privarme de alguna libertad, pero no puede robarme mi libertad en Cristo. (Jn. 8:36) Puede amenazar con separar mi familia, pero el amor de Dios tiene lazos resistentes al agua que nos mantienen unidos en Cristo.

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” Cantares 8:7



Mi oración en este tramo de la carretera es que Dios me libre de las olas que quieren golpear mi vida. Una sola palabra de Jesús basta para calmar cualquier tempestad que se quiera levantar contra mí, pero si Dios en su infinita sabiduría permite que las olas lleguen a mi familia, entonces voy a tratar de recordar algo: Si mi vida está escondida en Cristo no tengo nada de qué temer.


“A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” Sal. 16:8

Maria Elena Rivas | Blogger Invitada
https://merivassal.wordpress.com

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