UNA CASA EDIFICADA SOBRE LA ROCA
Un día de estos
vi en un documental un mar con olas gigantescas. Supongo que las imágenes me
dejaron impactada porque en la noche tuve una pesadilla. Soñé que íbamos en el
carro con mi esposo y mis hijos. A la izquierda estaba el mar y a la derecha
estaba un muro altísimo de piedra. El día se veía gris y el mar estaba agitado.
El nivel del agua subía a cada instante y las olas que empezaban a caer en la
calle eran cada vez más grandes. No había escapatoria. Mi esposo aceleraba el
carro, pero ni adelante ni atrás se veía un tramo seguro. Entonces yo me pasaba
al asiento de atrás con mis hijos y les
decía: “Niños, en unos segundos las olas nos van a cubrir. Lo más importante en
todo esto es permanecer todos juntos, así que agarrémonos de las manos y no nos
soltemos por nada del mundo.” Gracias a Dios en ese momento me desperté y ya no
supe lo que pasó después. Difícilmente nos hubiéramos podido mantener juntos. ¿Quién
puede hacerle frente a la fuerza del mar?
No es la primera
vez que me encuentro en un camino parecido al del sueño. Por un lado veo las
olas amenazando mi vida y por el otro lado veo cerrada cualquier posible ruta
de escape. El temor trata de inundar mi corazón. Veo el agua empezar a meterse
bajo la puerta de mi alma y mi primera reacción es entrar en pánico, pero esta
vez no quiero dejarme vencer por el temor. Puede ser que Dios permita que
algunas olas pasen sobre mi familia (Sal. 42:7; Jonás 2:3), pero si mi vida
está fundada sobre la verdad del evangelio no habrá inundación o tormenta que
pueda destruirme.
“Cualquiera, pues que me oye estas palabras, y las
hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca; y
descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; y no cayó,
porque estaba fundada sobre la roca”. Mt. 7:24,25
¿Qué puede
hacerme una inundación? Puede llevarse algunos tesoros que tengo en la tierra,
pero no puede llevarse los que Dios
tiene guardados para mí en el cielo. (Mt. 6:19,20) Puede llevarse las cosas que
he construido con materiales débiles como la paja o la hojarasca, pero no puede
arrebatarme todas las cosas que por la gracia de Dios he construido con oro y
plata. (1ª Co. 3:12, 13) Puede llevarse algunas propiedades, pero no puede
quitarme la morada que Jesús fue a preparar para mí cuando ascendió al cielo. (Jn.
14:2) Puede llevarse mi salud física, pero no puede destruir mi alma. Puede
privarme de alguna libertad, pero no puede robarme mi libertad en Cristo. (Jn.
8:36) Puede amenazar con separar mi familia, pero el amor de Dios tiene lazos
resistentes al agua que nos mantienen unidos en Cristo.
“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo
ahogarán los ríos” Cantares 8:7
Mi oración en
este tramo de la carretera es que Dios me libre de las olas que quieren golpear
mi vida. Una sola palabra de Jesús basta para calmar cualquier tempestad que se
quiera levantar contra mí, pero si Dios en su infinita sabiduría permite que
las olas lleguen a mi familia, entonces voy a tratar de recordar algo: Si mi
vida está escondida en Cristo no tengo nada de qué temer.
“A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está
a mi diestra, no seré conmovido” Sal. 16:8
Maria Elena Rivas | Blogger Invitada
https://merivassal.wordpress.com


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