COMO VIAJAR CON POCO EQUIPAJE
Hace poco me
mudé de casa y me di cuenta de algo: tenía mil cosas innecesarias que hicieron
mi traslado mucho más complicado. Lo increíble de todo es que yo nunca imaginé
que tuviera tantas cosas superfluas. Periódicamente regalo cosas y boto otras a
la basura, así que me sorprendió ver que tenía varias cosas sin las que podía
vivir perfectamente.
Estoy segura que
ahora mi vida va a ser más sencilla. Entre menos cosas tenga en la casa, menos
cosas voy a tener que mantener ordenadas y limpias. Las casas abarrotadas no
dejan espacio para nada, los espacios despejados dan la sensación de amplitud y
ofrecen más libertad.
Este año tengo
un nuevo propósito en mi vida: quiero
aprender a viajar con poco equipaje. No me quiero volver a llenar de cosas
innecesarias que hacen mi viaje por esta vida más trabajosa de lo que debería
de ser. Lo mismo aplica para mi vida espiritual.
Los cristianos somos peregrinos en esta vida. Este mundo no es nuestro destino final, aunque a menudo lo olvidamos.
Nuestra ciudadanía no es de esta tierra, nuestras moradas eternas están en el
cielo y nuestros tesoros no pertenecen a este mundo.
Lastimosamente
nuestra mente espiritual sufre de amnesia crónica y constantemente estamos
haciendo de este mundo nuestro hogar permanente. Terminamos llenando nuestro
corazón y nuestro tiempo de miles de cosas innecesarias que nos distraen de lo
más importante.
La principal tarea de nuestra vida es amar a Dios y a
nuestro prójimo (Mt. 22:37-39) y cualquier cosa que
nos aparte de ese objetivo es un peso o un pecado que nos impide avanzar en
nuestra vida espiritual.
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor
nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que
nos asedia, y
corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” Heb. 12:1
Las cargas que
los hombres nos imponemos son pesadas y difíciles de llevar (Mt. 23:4). La
carga que Jesús tiene para nosotros es ligera (Mt. 11:30), porque su Espíritu
Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Él quiere hacer nuestros pies como de
ciervas (Sal. 18:33) para que estemos siempre dispuestos a hacer su voluntad.
Los corazones
abarrotados son agobiantes. Los
corazones despejados ofrecen el espacio necesario para que el Espíritu Santo se
sienta a sus anchas. Aprovechemos este inicio de año para despojarnos de todos
esos pesos y pecados que pueden estar haciendo nuestro viaje por esta vida más
difícil de lo que debería ser. Mantengámonos firmes en la libertad que Cristo
nos ha ofrecido.
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de la esclavitud” Gal. 5:1
Maria Elena Rivas, Blogger Invitada https://myemaus.com


No comments:
Post a Comment