LA UNICA FORTALEZA REAL Y VERDADERA
El
dinero tiene una forma muy particular de hacernos sentir seguros. Con él
podemos comprar seguros de vida, de salud, de accidentes, de vehículos, etc.
Todo eso
está bien. Dios quiere que usemos el fruto de nuestro trabajo en una forma
sabia y prudente.
“Ve a la hormiga, oh perezoso,
Mira sus caminos, y sé sabio;
Mira sus caminos, y sé sabio;
La cual no teniendo capitán,
Ni gobernador, ni señor,
Ni gobernador, ni señor,
Prepara en el verano su comida,
Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”. (Prv. 6:6-8)
Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”. (Prv. 6:6-8)
El
problema no está en las cuentas bancarias o en tener seguros que nos ayuden a
sobrellevar cualquier eventualidad. El
problema está en la falsa sensación de seguridad que las riquezas producen en
el corazón humano.
Hay tres
verdades que los cristianos siempre deberíamos tener presentes para que el
dinero no ocupe en nuestro corazón el lugar que únicamente le pertenece a Dios:
1. La
seguridad que el dinero nos ofrece es únicamente fruto de la imaginación. No importa si tenemos poco o mucho. Siempre estamos
soñando con tener más para poder vivir reposadamente. (Lc. 12:19) El problema es
que esa sensación de seguridad no está basada en algo real, sino en un simple
espejismo.
“Las riquezas del rico son su
ciudad fortificada,
Y como un muro alto en su imaginación”. Prv. 18:11
Y como un muro alto en su imaginación”. Prv. 18:11
2. Las
riquezas son inciertas. Una
crisis puede arrebatar nuestros ahorros y dejarnos en la ruina económica de un
día para otro. Asentar nuestra vida sobre la seguridad que nos ofrecen nuestros
recursos económicos es tan absurdo como construir una casa sobre arenas
movedizas.
“¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque
se harán como alas de águila, y volarán al cielo” Prv. 23:5
3. Las
riquezas son engañosas, porque nos hacen olvidar a Dios. Todos
tenemos un vacío en el corazón que únicamente Jesús puede llenar, pero el
dinero (y todo lo que podemos comprar con él) tiene la capacidad de adormecer
nuestra hambre espiritual a tal grado que lleguemos a olvidar nuestra completa
dependencia de Dios.
“No me des pobreza ni riquezas;
Mantenme del pan necesario;
Mantenme del pan necesario;
No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?” (Prv.
30:8,9)
La
verdad es que todos necesitamos sentirnos seguros en este mundo tan
impredecible. Los seres humanos necesitamos un consuelo en la vanidad de esta
vida debajo del sol. Necesitamos una fortaleza que nos proteja de los dardos de
nuestros enemigos.
Dios tiene un refugio para nosotros en la persona de su Hijo
Jesús. La seguridad que Jesús nos
ofrece no es fruto de nuestra imaginación, sino una fuerte ancla que sostiene
nuestra vida en medio de cualquier tormenta (Heb. 6:19). Las riquezas vienen y
van, pero la palabra de Dios permanece para siempre (Is. 40:8).
No
importa si tenemos nuestras cuentas de ahorro llenas o vacías. Da igual si
tenemos bienes materiales o no tenemos absolutamente nada. El único refugio real y verdadero para nuestra necesitada alma es
Jesús.
“Torre fuerte es el nombre de Jehová;
A él correrá el justo, y será levantado”. Prv. 18:10
Maria Elena de Rivas
https://myemaus.com
A él correrá el justo, y será levantado”. Prv. 18:10
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